Filosofía

Uno de los peligros de nuestra cultura descartable no es solamente la basura que dejamos atrás sino también la basura que nos rodea. La sensación de libertad que nos dan los plásticos y la cerámica de producción masiva es en realidad una desconexión con nuestra experiencia diaria. ¿Se rodearían ustedes de gente que no les importa? ¿Qué diría eso sobre su calidad de vida? Piensen en las cosas que ustedes valoran que tiene en su hogar. ¿Cuantas son hechas a mano? Un acolchado hecho por sus abuelas, el baúl de sus madres, las fotografías de sus padres. Es lamentable romper la taza preferida, pero el hecho de haber tenido una taza preferida enriquecía sus vidas. Es mejor haber amado y perdido... Elijan la belleza!

Hace varios años me enteré que un estudio afirmaba que la persona promedio dedica 15 segundos por obra en un museo de arte. Claramente si uno quiere que su arte le llegue y conmueva a la gente, el hogar es el mejor lugar para hacerlo. Adoro ser ceramista, me encanta el momento que uno sostiene el jarro de café, lo toca son sus labios, lo acuna en sus manos. ¡Qué interacción íntima y sensual con un objeto!  

Trabajo para conectarme con mi cerámica. No solo realizo todas las piezas sino también diseño mi propia arcilla, construyo mi propio horno y decido la duración y las características de cada hornada. Respondo a los resultados de cada cocción alterando las formas, la técnica de ubicación de las piezas y la manera de capturar y realzar las cualidades que me conmueven. Cuando vienen a mi galería y sostienen las piezas en sus manos, sienten las marcas de mis manos, siguen la huella de las llamas, rastrean las formas con sus dedos y sus ojos. Porque éstas cerámicas han sido realizas para ser usadas y contienen mucho más que la simple información visual.